lunes 25 de mayo de 2009

Seguimos en el diario Público

La mudanza temporal del verano ha resultado indefinida. Allí seguimos:

http://blogs.publico.es/trabajarcansa/

Mientras dure mi columna diaria en Público, allí encontraréis mis artículos. Para no duplicar, éste queda sin actualización hasta nuevo aviso.
Saludos.

domingo 17 de agosto de 2008

Mudanza temporal

Hasta nuevo aviso, mi columna en Público (que durante agosto es diaria de lunes a viernes) estará disponible cada día en:

http://blogs.publico.es/trabajarcansa/

Aquí seguiré colgando otros textos que no aparezcan en ese diario.

jueves 7 de agosto de 2008

Leña al chino, que es de goma

No tenía mucho interés en ver la inauguración de los Juegos Olímpicos, pero ahora sí que lo haré, por el morbo de presenciar el momento en que, en plena ceremonia, llega la guardia civil al estadio y detiene a los ministros chinos encausados por el juez Pedraz, entre los aplausos de los muchos dirigentes mundiales presentes, todos procedentes de países escrupulosamente democráticos.

La oportunista acción de la Audiencia Nacional, a pocas horas de la apertura de los Juegos, es el último paso en la aplicación de la consigna del año: leña al chino. Desde hace meses recibimos todo tipo de mensajes negativos sobre el anfitrión olímpico: es una dictadura brutal, aplasta a los monjes tibetanos, amordaza a propios y extraños. También sabemos que tienen el aire tan contaminado que peligra la salud de nuestros campeones, que los chinos son maleducados y escupen al suelo, además de ser gregarios y sumisos, y que el enorme dispositivo de seguridad no es, como en otras olimpiadas, para proteger a los participantes e instalaciones y evitar atentados, sino para que nadie coloque pancartas.

Con los chinos siempre nos hemos relacionado desde el temor y la ignorancia. No sabemos nada de ellos, y por eso nos dan miedo. No somos capaces de distinguir un chino de un vietnamita, y nuestro desconocimiento de su historia, cultura y sistema de valores es absoluto. Con los que viven entre nosotros no hacemos esfuerzo alguno, nos quedamos con los tópicos y leyendas urbanas, a lo que sumamos desde ahora los atributos negativos que la prensa internacional les viene colocando.

Leña al chino, sí, pero sabiendo que es de goma, sabiendo que no le pegamos de verdad, que son golpes simulados, porque más allá de las palabras bonitas nadie va a revisar las relaciones comerciales con China, ni los consumidores occidentales vamos a dejar de comprar las manufacturas chinas que nos permiten llegar a fin de mes. Entre tanta cobertura mediática, echo de menos informaciones de fondo que nos expliquen China. Si tenemos que odiarlos, conozcámoslos primero.

(Diario Público)

miércoles 6 de agosto de 2008

Karadzic no es nuestro hijo de puta

Ya conocen la vieja máxima de la realpolitik, atribuida a un presidente norteamericano a propósito de un dictador sanguinario: “es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. En efecto, la visibilidad de los crímenes depende de los intereses en juego. Recuerden cómo Sadam fue durante años nuestro hijo de puta, hasta que dejó de serlo y cayó en desgracia. Ejecutado Sadam, y escondido Bin Laden, el primer monstruo mediático vuelve a ser Radovan Karadzic, que ya ocupa celda en La Haya.

No dudo de que el ex líder serbo-bosnio tiene las manos manchadas de sangre. Hasta los codos, seguramente. En una guerra como la yugoslava no hacía falta esforzarse demasiado para ello. Miles fueron asesinados, torturados, violados o mutilados. Pero incluso aunque Karadzic se hubiera esforzado más, no fue el único criminal. Y sin embargo ha quedado para la historia como el criminal balcánico por antonomasia, junto a su jefe militar Mladic y el fallecido Milosevic, personificando los tres la culpa colectiva asignada al pueblo serbio.

La guerra de serbios, croatas y bosniomusulmanes entre sí –pues todos lucharon contra todos en distintos momentos- fue atroz en todos los frentes y retaguardias. Todos practicaron la limpieza étnica en sus territorios para hacer irreversibles las nuevas fronteras, y todos se aplicaron con saña contra sus enemigos, como relataron posteriormente algunos responsables de los cascos azules. Sin embargo, desde el principio se construyó el imaginario demoníaco del serbio, que de rebote convertía en víctimas a todos los demás, verdugos incluidos.

Sobre aquellos episodios se construyó una versión oficial universalmente aceptada, que sancionó un Tribunal, el de La Haya, que ha sido implacable con los serbios y muy suave con el resto de acusados, con algunas absoluciones escandalosas y una evidente desproporción en las condenas a unos y otros. Las guerras balcánicas –incluida la de Kosovo- estuvieron llenas de hijos de puta. Algunos de ellos eran nuestros hijos de puta. No así Radovan Karadzic.

(Diario Público)

martes 5 de agosto de 2008

De Juana y el espectáculo del mal

Malos hay muchos. Pero que además de serlo, lo parezcan, ya son menos. De vez en cuando nos encontramos con uno: feo, de gesto torvo, mirada endemoniada, rasgos patibularios. Que además de serlo y parecerlo, se comporte como tal, es menos habitual: que se muestre impasible ante el dolor, se ría del sufrimiento, gesticule con chulería, haga comentarios crueles. Pocos malos están a la altura, pocos alcanzan esa perfección icónica.

Un malo con cara de malo tiene el mismo valor añadido que un bueno con cara de bueno, o que un corrupto con cara de corrupto: adquieren calidad de símbolo. Ahí tenemos, por ejemplo, a Carlos Fabra. No es más corrupto que otros, incluso menos que algunos, pero nos fijamos más en él porque además tiene pinta de corrupto, con esas gafas ahumadas que nos parecen mafiosas aunque en realidad las use por fotofobia.

Iñaki De Juana es malo, qué duda cabe. Pero además lo percibimos como un malo de manual: tiene pinta de malo, y se comporta como tal. La selección informativa refuerza esa imagen perversa. Supongo que habrá fotos en las que aparezca con gesto anodino, pero ésas no interesan: sólo queremos verlo con la mirada agresiva, la boca torcida en desprecio o la sonrisa amenazadora. Además, nos sabemos de memoria todos los detalles ejemplares de su comportamiento incontinente: se relame cuando unos niños quedan huérfanos por un atentado, pide champán para celebrar los asesinatos, presume de sus hazañas criminales.

Que haya matado a veinticinco personas ya debería bastar. Pero no es suficiente. El mal también tiene la posibilidad de su espectáculo, y preferimos al malo arquetípico, el monstruo, como si esos atributos tuviesen una utilidad conceptual, cuando en realidad es una simplificación que se arriesga a la caricatura. Tal vez nos consuela pensar que el mal es así, reconocible a simple vista, y el malo es identificable, no puede pasar desapercibido, sólo le queda el recurso al disfraz: ponerse corbata en el juicio o dejarse una barba venerable como ese otro malo de opereta que es Karadzic.

(Diario Público)

domingo 3 de agosto de 2008

Contra el hambre, comida basura

Las autoridades californianas quieren frenar la apertura de establecimientos de comida basura en los distritos más pobres de Los Ángeles. ¿El motivo? La extensión imparable de la obesidad entre la población con menos recursos. En Estados Unidos la obesidad va por barrios: los ricos comen cosas orgánicas y se machacan en el gimnasio, mientras los pobres –negros y latinos sobre todo- acumulan kilos y llenan las venas de colesterol.

Los pobres adoran la fritanga, claro. No tienen educado el gusto, pero además arrastran siglos de alimentación de subsistencia, de una comida diaria que tenía que ser hipercalórica para aguantar toda la jornada. Nuestra cocina popular es contundente, y en las fiestas de barrio se imponen las tripas fritas y los churros. Pero por encima de todo eso, la comida basura es barata. Muy barata. A los precios de hoy, te sale más barato comer en el burger que prepararte en casa un plato de la sanísima dieta mediterránea. En Estados Unidos hay menús a un dólar, y eso está por encima de cualquier consideración nutricional.

Como los pobres acuden en masa a comer guarrerías, las multinacionales de la grasa hidrogenada saben que los mercados con más futuro están en los países donde hay más pobres. McDonald’s, por ejemplo, tiene desde hace años sus mayores incrementos de ventas en Asia, América Latina y África, donde además ha abierto cientos de nuevos establecimientos, sobre todo en los países más poblados, como India, Filipinas o México. En algunas regiones ya hay casi tantos gordos como hambrientos.

De la misma forma que la industria tabaquera, cuando vio que le apretaban las tuercas en los países ricos, se lanzó a conquistar los países pobres, así hacen ya los fabricantes de comida basura. Ahí tienen un enorme mercado por desarrollar: millones de desnutridos deseando engordar. Bien mirado, puede ser la solución al hambre en el mundo: si por un euro al día apadrinamos un niño famélico, con ese mismo euro puede comer en el burger, y encima le regalarán un muñequito promocional. No se puede pedir más.

(Diario Público)

viernes 1 de agosto de 2008

La realidad no se va de vacaciones

Agosto ya no es lo que era, pero actuamos como si lo fuera. Entre la crisis que nos recorta las vacaciones, las franquicias y grandes superficies que nunca cierran, y la industria turística que obliga al non-stop, lejos quedaron los agostos de calles desiertas y persianas echadas. Claro que tampoco los domingos son ya lo que eran, y menos que lo serán cuando se generalicen la libertad de horarios comerciales y la semana laboral europea de 65 horas. Antes descansaban hasta los periodistas, y los lunes no había diario.

Pese a los cambios, mantenemos la inercia de cuando agosto era otra cosa. Aplazamos decisiones y trámites con la ilusión de que nada funciona y es un mes irresponsable. Los periódicos contribuyen a mantener la apariencia: adelgazan secciones, cambian contenidos y relevan a los columnistas. A mí este agosto me toca cuidar esta columna hasta que en septiembre vuelva su inquilino habitual. Me la deja limpia, con la despensa llena y unas cuantas ideas cogidas con imanes a la nevera. ¿Podré aprovechar alguna? Es decir: ¿se puede escribir en agosto como el resto del año?

Si hay cine de verano, canción del verano y lecturas para la playa, ¿hay también columnas de verano? No me refiero a las especiales que los diarios agrupan en suplementos de ocio, dedicadas a viajes, humor o cocina. Hablo de las páginas habituales de opinión: ¿deben ceder también a la ilusión de inactividad? Los lectores, ¿qué esperan? ¿Realmente quieren contenidos de tono bajo? ¿Lo es su vida en agosto? ¿Acaso les dan tregua la hipoteca, la familia, los deseos y pesadillas?

Sánchez Ferlosio veía en el número de páginas del periódico la mejor prueba de que el futuro está ya escrito: ¿cómo pueden pasar todos los días exactamente 56 páginas de cosas? El viejo debate sobre si los medios reproducen o producen la realidad y etc. Si en agosto, como los domingos y lunes, hay periódico, será que hay realidad. Y tendremos que escribirla, más allá de la típica columna que hemos leído mil veces y que cada año empieza diciendo “agosto ya no es lo que era”.

(Diario Público)